“Dance is the only art of which we ourselves are the stuff of which it is made”
Ted Shawn.
El cuerpo humano es sólo un instrumento.
Para dar forma a cualquier obra de arte hacen falta dos cosas: el instrumento y la materia prima.
La pintura tiene como materia básica al pigmento, la música al sonido y la escritura a la tinta. Pero existe sólo un tipo de arte que se compone, como materia prima, de algo puramente abstracto: las emociones.
Alegría, pasión, ira, tristeza o serenidad, son los materiales que el cuerpo humano moldea hasta dar lugar a la forma más perfecta de arte: la danza.
A diferencia de cualquier otra clase de expresión artística, la danza es sumamente abierta y accesible. Todo el mundo puede bailar. De hecho, todo el mundo baila. Desde los cientos de jóvenes que se reúnen cada noche en discotecas, hasta los ancianos que forjan amistades en sus clases de baile de salón. Se puede decir que la danza constituye una de las maneras más importantes de relación social.
Y no es algo nuevo. Antiguas civilizaciones como la azteca o la maya ya otorgaban gran importancia a la práctica del sexto arte. Tanto, que en numerosas ocasiones la danza se convertía en el centro de sus ritos religiosos.
Ayer danzábamos para invocar la lluvia. Hoy bailamos hasta que sale el Sol.
La danza podría ser, sin lugar a dudas, la madre todas las artes. Debería serlo, pues es la que más se asimila a la misma vida: el alma como materia, el cuerpo como instrumento y como finalidad el arte.
El arte de bailar, o el arte de vivir.
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