El
mundo está lleno de personas admirables. Y no me refiero a los
obviamente admirables como médicos o bomberos. Me refiero a todas
las personas que nos rodean.
Yo,
por ejemplo, admiro sinceramente a quienes han sido capaces de
sacarse el carnet de conducir a la primera. Admiro a quienes se
proponen ponerse a dieta y cumplen. Admiro a los que tienen un blog y
son capaces de escribir en él cada día. Admiro a quienes se apuntan
a un gimnasio y no lo dejan a las dos semanas.
Admiro
a cualquier persona que tenga una afición, músicos, deportistas,
fotógrafos. Aunque no sean buenos. El persistir ya es admirable.
Admiro
a las chicas que van arregladas incluso a tirar la basura. En serio.
También eso requiere una constancia que creo que yo no tendré en la
vida.
Admiro
a las personas que no se enamoran con facilidad. Admiro la paciencia.
Admiro, e incluso envidio, a la gente capaz de pasar más de cinco
minutos con alguien a quien no soporta sin ponerse de mal humor.
Admiro a los que saben decir no cuando quieren decir no.
Lo
bueno es que también admiro a quienes reconocen su admiración por
los demás. Así que se puede decir que también yo tengo algo
admirable. A mi manera. Como todos.
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